viernes, 20 de julio de 2007

Las Batuecas

Hay muchas cosas que se pueden hacer en las vacaciones. Pasear, leer, convivir con la familia, descansar, jugar, ir de campamento...
Una de las más gratificantes es la oportunidad que se nos brinda de encontrarnos con nosotros mismos, en un ámbito distinto.
Ese año he tenido la enorme suerte de acercarme al silencio a través de un enclave espiritual y físico sin duda especial: las Batuecas.
Se encuentra en ese valle un lugar especial de la Iglesia como es el Desierto Carmelita de San José. Cuenta con una hospedería, sencilla. Pero sobre todo con la acogida de los frailes carmelitas y, en especial la del prior: Ramón.
Allí, en el silencio que se puede hacer en el interior, y en el camino que podemos andar entre una naturaleza bella y salvaje, he encontrado la posibilidad de abrirme paso hacia las honduras de mi mismidad. Y, allí, reencontrarme con mi Dios y mi Señor.

Sin dudar en ningún momento he de decir que las Vacaciones son, necesariamente, el momento para desconectar del tráfico diario. Pero también el momento privilegiado para poder acercarse a los campos desconocidos de nuestro interior. Parajes sin explorar más bellos y más salvajes, más estéticos o más elaborados que los que nos podamos encontrar fuera. Y, si somos capaces de adentrarnos en la soledad y el silencio, podremos asombrarnos de la grandeza que albergamos.

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