miércoles, 28 de enero de 2009

Una de cal y otra de arena

Me pregunto qué ha de pasar en la vida pública, con su baile de cifras, de mentiras, de espionajes varios, de anuncios que animan ateísmos, de dineros que debían llegar y nunca aparecieron, para que realmente cambie todo a un nivel ético aceptable y honesto.
Parece cómo que no importara nada. El poder de las instituciones se parece mucho a aquellas monarquías absolutistas. Iban sucediéndose sin que el pueblo interviniera o, si lo hacía, era para vitorear al fuerte. Por miedo, por desidia, por aburrimiento, por fastidio, por imposibilidad, por incapacidad, por pereza...dejamos que todo siga como está. Nos encogemos ante los hados del destino, en manos de los que "saben", de los que manejan los hilos del destino universal o particular.
El poder de un hombre nada puede contra una maquinaria engrasada por el unto de intereses y prebendas. Mi voto, mi opinión, mi rebeldía no vale para mover un ápice el rumbo del mundo. Es como si viéramos que aquel "1984" de Orwell, que leímos, se ha quedado pequeño ante una realidad que es más que la imaginación.
Pero un hombre puesto en pie sobre sus convicciones es capaz de devolver cordura al conjunto de los que buscan. Un hombre que se levanta con capacidad crítica revierte en todos, y hace distinta la realidad. No ahora, quizás. Pero fuerza una maquinaria que transforma el hastío en verdad.
La humanidad no es un enjambre irracional, es la suma de individuos que se afirman en su distinción para poder hacerse juntos.
Estamos inquietos ante la gran fuerza de los medios de comunicación que quieren manipular la percepción de la realidad; ante los políticos que medran para tener un minuto de gloria y un bolsillo relleno; ante el capitalismo salvaje y sin escrúpulos que hace que unos tiremos basura que sirve de alimentos a otros; ante el voto cautivo; ante la guerra servida en bandeja con las armas que fabricamos aquí...
Creo en los hombres y mujeres con conciencia ,y elementos morales, para enfrentarse a una realidad que no les gusta, y cambiarla. Pero es necesita esfuerzo. Y hay que educar a los jóvenes hoy para que pueda suceder.

2 comentarios:

Juan Diego dijo...

Educar a los jóvenes. Tremenda tarea, querido Pedro. Que no nos falte ánimo para continuarla.
(Por cierto, me gustaba más el anterior look del blog)

helen dijo...

bueno.... QUE GOZADA DE ARTICULO!!! No sé, hay días que te despiertas entre letras dormidas, estudias relaciones vanas que sabes que desaparecerán con la noche... realmente nadie se manifiesta para hacer saber que no queremos más de la mentira con la que nos alimentan... Nos hemos acostumbrado a no levantarnos de la mesa, y ya no importa cual sea el contenido de nuestros platos; no saboreamos las riquezas de la libertad porque el sometimiento es más comodo...
Si la educación es la flor que dejamos sobre el tapiz para recordar que los colores existen... apostemos por ella!!! Alguien se verá seducido por sus colores y su aroma... A alguien llenará lo suficiente, como para elevar su voz y su cuerpo por encima del silencio distante que día a día nutre nuestra indiferencia.