viernes, 23 de mayo de 2008

Comentario al evangelio del Viernes 23



Hermanitas y hermanitos:
Hay un transfondo, al menos así lo veo yo, en las dos lecturas que se nos proponen: la firmeza en la palabra. O, podemos decir: la coherencia.
En el caso de la carta de Santiago, nos asegura que no es necesario jurar, entre los cristianos. Vale la palabra dada. Asegura que quien habla, debe hacerlo desde la veracidad y la honestidad. Hoy, cuando la palabra no vale nada, cuando parece que mentir no cuesta, cuando todo es mera apariencia, vendría bien mostrar esta disponibilidad a la verdad como herramienta y costumbre.
En el evangelio, creo que tiene dos posibles interpretaciones. Por un lado la propuesta de Jesús era enormemente contracultural. La mujer tenía un acceso muy problemático al repudio. Siempre era al contrario. El varón predominaba en las relaciones y la mujer estaba sometida. Jesús dice que ambos son iguales: una sola carne. Por eso, aquello que está unido según Dios, no puede estar al arbitrio caprichoso de una de las partes, o de las dos. A ambos se les está diciendo que las relaciones establecidas teniendo el amor como vínculo, son para siempre. En el fondo el amor tiene una componente de eternidad, no acaba. Y el varón no tiene potestad para utilizar a la mujer como un objeto que satisfaga sus necesidades.
Decir sí, desde el amor, es una auténtica aventura que empieza cuando se atestigua. Y ese testimonio de la palabra dada debe estar bien fundamentado.
La gran corriente social que hace de las uniones, algo fungible, es decir, que acaba cuando se acaba la pasión, es entrar en la sociedad de consumo. Se consumen cosas y personas, relaciones y camas.
Jesús no quiere que el hombre sea objeto para nadie ni ante nadie. Tiene dignidad propia, que no depende de otro para poder afirmarse. Y eso vale para todas las relaciones.
Un fuerte abrazo en Jesús resucitado.

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