jueves, 22 de mayo de 2008

Jueves 22


Queridos hermanitos y hermanitas:
Es un trago duro el de la Carta de Santiago. Son palabras que hablan de forma directa y sin paliativos. Entendió el mensaje de Jesús y trata de bajar a formulaciones concretas. Y es que la riqueza, que Jesús llega a asemejar al Maligno, a lo diabólico, sustenta, en demasiadas ocasiones, desigualdades, injusticias y egoísmos. Esto se puede decir hoy también. Hay trabajos en precario, contratos de hambre y miseria en nuestro primer mundo y, por supuesto, en los países en vías de desarrollo. Salarios de injusticia que claman a Dios porque hacen acumular riqueza a unos, y pobreza a otros.
Nuestro primer mundo, rico y opulento, hace dietas y ayunos de adelgazamiento. El tercer y cuarto mundo, busca solventar su dieta de hambre. Y no puede. Esto clama contra nosotros. ¿Se dice para nosotros, también, que hemos engordado para el día de la matanza? Espero la misericordia de Dios, porque si me pone delante de los ojos, en el día del juicio, tanta criatura que suspira por algo que llevarse a la boca, no sé si voy a poder decir nada en mi defensa.
Frente a esto, y no como engaño de la obligación de conciencia que tenemos, Jesús propone gestos pequeños que busquen equilibrar tanto desastre. No es que proponga sólo un mensaje que tiene una fuerte incidencia social, pero desde luego que está en su meollo generar nuevas formas de relaciones entre los hombres. Y naturalmente desde la perspectiva de Dios Padre. Porque si no estaremos incurriendo en escándalo. Eso es ser sal y tener sal. Y así vendrá la paz. La que todos deseamos, que no es la de la inacción o la quietud, sino que brota de la justicia.
¡Danos, Padre Bueno, capacidad e inteligencia para transformar la realidad según tu quieres, para que el mundo sea cada vez más aquello que tu soñaste para nosotros!

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