jueves, 22 de mayo de 2008

Miércoles 21


Hermanitos y hermanitas:
Me gusta esta expresión de Carlos de Foucauld. Así se conocen los que asumieron, después de morir, su estela: hermanitos de Jesús. El estuvo presente en medio de no creyentes, no dejó seguidores y fue un incomprendido de su tiempo. Pero quería que todos aquellos que anduvieran tras los pasos del Maestro de Nazaret, se reconocieran como hermanitos. Creía que la presencia podría obrar el milagro. No forzó, propuso. Puede que esta Palabra que tenemos hoy tenga mucho que ver con esto.
Indudablemente en el mundo hay miles de hombres y mujeres que siguen al Maestro, y que ponen en medio de sus vidas el amor como centro de su actuar. Tenemos la tentación, como los discípulos, de hacer una división entre los que están en un bando o en otro. Es la soberbia de quien cree que tiene la verdad absoluta, conoce los planes de Dios a la perfección y sabe interpretarlos. Así nos luce el pelo. La túnica de Jesús está rota porque hemos ido tirando de ella, hacia un lado o hacia otro. Todos creemos que nuestro grupo, nuestro proceso, nuestra congregación, asociación, camino o lo que sea, es el que está en la verdad. Machado diría. “¿La verdad? No, tu verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.”
Falta humildad que, la verdad, no es un valor muy cotizado. “Si quieres conocer a fulanito, dale un carguito”, dice el refranero popular. Porque intentará imponer, a costa de lo que sea, su criterio. En Jesús todos estamos llamados a construir una humanidad plena. Nosotros colaboramos, y todos pueden colaborar si lo hacen para que el hombre y la mujer vivan en dignidad, en libertad, en fraternidad. Habrá que unir, más que dividir. La túnica de Jesús se reparará a través de una humanidad aunada en el amor, en el que todos nos reconozcamos como hermanitos.
Un abrazo en el Cristo que nos hace uno.

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