lunes, 18 de mayo de 2009

de nombres, de ética y de estética

No voy a tener ínfulas de escritor de alturas, ni de filósofo. Ni siquiera de pensador a ratos. Voy por la vida, deambulo o corro, me paro y me sorprendo, o simplemente me dejo vivir. Pero a veces, mire Ud. me echo unas pensaditas al hombro. No demasiadas, para que las mientes no se me reblandezcan. Porque lo que descubro no me gusta, y lo que me gusta es solo simple descubrimiento.
Por ejemplo veo que las cosas ya no tienen el nombre que les corresponde. Todo es un enorme juego para ocultar lo que es. Uno no sabe qué cosa es lo viejo, o qué la mentira, no tengo ni idea de qué significa un segmento lúdico, o qué me quieren indicar con tanta sigla. Parece que decir aunténticamente algo sea una rémora que nos impide ser seres admitidos en la sociedad. Es una sensación de hablar bajito, como en un entierro. Parece que se nos hayan muerto las palabras, como se nos fue Benedetti. Cada cual anda queriendo birlar a la sociedad los nombres para que no insulten a la inteligencia progre, o bienpensante, que me da igual.
No tengo tantos años para acumular tantas tristezas ni soledades, pero se me hace cuesta arriba atisbar en el horizonte la desilusión de saber que 1984 era una profecía del siglo XXI. Orwell, el pobre, no era un profeta, era la misma realidad hecha en el pasado. Los medios de comunicación son máquinas de ocultar la verdad, de ensombrecerla con una medida de mentira no demasidado salobre ni dulce. La peor es la del poder, que utiliza sus tentáculos para verter el veneno de la somnolencia intelectual: "Todo lo que yo diga está bien. Con el partido, con razón o sin ella".
Hoy, cuando miras un tipo bien vestido, con traje de marca ya no sabes si es sindicalista o director de banca. Lo mío era más simple, estábamos indentificados con la estética. La ética era consustancial. Sin embargo hoy, los obreristas pueden tener pluriempleos que les hagan parecerse a una burguesía rica acumulando dineros en tiempos de paro y carestía, pero con una sigla detrás que les hace bufar contra la derecha. La derecha, pobretona, no irradia ni una causa estable. Devanea ora sí, ora no, con los votos, la imagen y el miedo a los nombres.
Por eso me da grima, un poquito, mirar tanta torpeza. ¿Seré yo? Puede que sí, que los que caminan marcando el paso lleven el hilo de la sociedad. Siempre me caracterizó andar a mi aire. Pero me da que hay una canción sorda ante tanto despropósito. Creo que hay que gritar de una vez para que se nos oiga. La vida no puede mezclarse con otra cosa que con vida. Y la muerte, con cualquiera de las palabras que la quieran ocultar, no puede más que dar testimonio de ella.
Pero no me hagan mucho caso. A veces las pensaditas me salen demasiado largas.

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