martes, 12 de junio de 2018

Algunas consideraciones sobre el trabajo, el salario y las estructuras de pecado
Vengo percibiendo desde hace mucho tiempo, quizás más dramáticamente desde que comenzó la crisis, la grave desigualdad que se ha provocado en la sociedad en cuanto al trabajo y las riquezas.
Ante los bienes, que son de todos, el cristiano debe buscar la igualdad (equidad) en las relaciones laborales, y vivir de la manera más evangélica posible la justa remuneración de los trabajadores. 
“A rio revuelto, ganancia de pescadores”, reza el refrán popular, y esto ha sido entendido por desalmados (gentes sin alma) como la forma más rápida de ganar dinero a costa de la reducción de los salarios de los trabajadores, y contratos basura –cuando los haya.
Hoy ser empresario, o trabajador, requiere también de una dosis de ética en el trabajo y en la contratación, que debe traspasar las lindes del egoísmo rampante que busca enriquecerse a costa de los otros.
Pero, sobre todo, en manos de los que tienen la posibilidad de generar empleo, y siempre desde la órbita cristiana, hay que ser extremadamente cautelosos para no caer en la explotación y la degradación de las criaturas que necesitan del sueldo digno para poder sobrevivir dignamente.
No se puede tener la conciencia tranquila si se tiene a alguien trabajando sin contrato, con sueldo de miseria, o regateándoles el pago como si se tratara de una limosna. Ni es ético, ni es cristiano.

A continuación os ofrezco una reflexión muy atinada del Blog Cristianismo y Justicia, de los jesuitas, que es muy iluminadora y que son un compendio de la Doctrina social de la Iglesia:

“Principales principios de la ética social cristiana
1.- El trabajo es un derecho fundamental de la persona humana, que encuentra su fundamento en el libro del Génesis cuando Dios comunicó a la humanidad la tarea de trabajar la tierra para sacar de ella un justo provecho y cuidarla en consonancia con su misma naturaleza. Esta tarea con el progreso de la humanidad ha sido declarada un derecho fundamental por las Naciones Unidas y por la mayor parte de las constituciones y códigos de la mayoría de estados. Si un sistema económico genera de forma estructural un índice elevado de paro, de empleo precario o de carencia de trabajo por acumulación injusta en unas pocas personas, este sistema no cumple su función social y atenta contra la ética cristiana. Por otra parte el que desea y quiere trabajar tiene derecho a comer.
2.- Este derecho supone un contrato de trabajo en el que se especifiquen las condiciones laborales, la protección social y el valor del salario. Para que este contrato sea moralmente ético debe realizarse entre iguales. Cuando esta igualdad no se da, la legislación social debe proteger a la parte débil, para evitar abusos e imposiciones.”
            Y su link:
http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/11/04/irrenunciables-eticos-sobre-el-trabajo

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