viernes, 8 de febrero de 2008

Cuaresma





Andamos arremangados, a ver si nos convertimos. El espíritu es una de las categorías humanas necesitada, hoy, de más atención.
Primero, como sostén, el cuerpo. Bueno, y como vehículo, y como realidad que nutre y da consistencia al ser. No tenemos un cuerpo, somos un cuerpo.
Pero lo que creo que aportamos de distintivo del ser hombre es, precisamente, eso: que nos hacer ser autoconscientes de nuestra diversidad y originalidad.
El espiritu, esa categoría única del ser, está constantemente reclamando nuestra atención. La Cuaresma es un buen momento para ello. Para caer en la cuenta de la necesidad que tenemos de entrar en el espacio sagrado de nuestra esencia y, con paciencia y mimo, cambiarla hasta hacerla más de Dios. Tarea nada fácil, pero cuya recompensa nos traerá más felicidad - o plenitud - que todos los chismes que podamos acumular.
Una invitación cíclica a volver a las fuentes del ser, que encontramos en Jesús, para poder hacer el mundo a la medida de Dios Padre.

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