jueves, 18 de junio de 2009

adiós

No tenemos todas las respuestas. Ni siquiera todas las preguntas. No siempre podemos formular de forma adecuada lo que nos ha dejado perplejos, o noqueados.
Ante la muerte, muchas preguntas se callan y muchas respuestas son inútiles. Lo que queda es la compasión, esto es, el acompañar el dolor y que se vierta también sobre ti.
Mirar, con ojos vidriosos, el íntimo adiós del otro. Velar, con delicadeza, su caída y sus preguntas. Y no intentar contestar con tópicos manidos.
La fe sufre, en algunas circunstancias, un sobrecogimiento que suspende en el aire las certezas para reanimarlas después del impacto.
Mi amigo Jose Antonio se ha ido. Se llevó su disponibilidad y su alegría. Ahora hay que andar sin el. Y ayudar a los suyos a sostenerse sin el. Desde el firmamento de los que nos precedieron, habrá de mirar frecuentemente a los que ama para llevarlos de su mano, sin que se sientan demasiado solos. Dura tarea la de vivir con despedidas demasiado tempranas.

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